En el mundo académico, la presentación de un texto (una monografía, un artículo, un ensayo, una tesis, una reseña, un informe o una comunicación) cobra una importancia fundamental. Y no sólo por la imagen que da del emisor y por la pulcritud exigible a cualquier escrito, sino principalmente porque de la apariencia del texto depende muchas veces que el destinatario, generalmente un evaluador, le preste la atención justa, necesaria y favorable.
El Pantógrafo está a disposición de ese estudiante, profesor o investigador —en los ámbitos de las Humanidades y las Ciencias Sociales— que ya hizo casi todo: su trabajo es pertinente, programó bien todas las fases de su realización, analizó las ideas con agudeza y profundidad, sus argumentos son de lo mejor y se sustentan en fuentes confiables para el tratamiento del tema que tiene entre manos, y tiene redactado todo ese contenido potente pero sin forma porque tiene dificultades para traducirlo en una escritura fluida, precisa, idónea y atractiva, tiene dudas con las cuestiones ortográficas, gramaticales y sintácticas más elementales y además no se le da bien cada minucioso parámetro de los estilos de documentación APA o MLA.
Ilustración de Lars Eje Larsson.
Ilustración de Lars Eje Larsson.